jueves, 18 de agosto de 2011

Vitae


Roma ya no era una selva. Ni tibia, ni tranquila. Ya nadie podía esconderse.
De los tres mil euros que estaban por acumularse en el fondo de la fuente ese día, dos habían salido pesimistas de un bolso roído que tenía aspecto de haber sido descartado y remendado más de una vez. Igual que ella. Tal vez, en otros tiempos, o incluso, de haber vivido otra vida, habría sido algo más que una figurilla difusa mirándose los pies.
Los dedos entumidos, el calzado húmedo, la consciencia diluida.
Jamás llegó a sentirse como Sylvia o Anita Ekberg. Él nunca se llamó Marcello.

- Que se joda Fellini.

5 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...

Trevi nunca existió de esa forma, los pies turísticos se mojan en ella y los vídeos y las cámaras digitales desgastan las crines de los caballos, Neptuno no puede dominarlos.
Anita se llama la sueca, Marcelo el italiano con el gatito, a esos se les ve de vez en cuando, pero la vida ya no es dulce, me gustaba más cuando el agua la traía el acueducto Virgo, sin pagar monedas, acua virgo auténtica romana.

Un placer leerte, me haces soñar en cada palabra, hasta pronto
!salve!

Neogeminis dijo...

Me gusta tu estilo! =)

CAS dijo...

Exista o no, hoy me gustaría estar por allí y soñar con Anita y Marcello y Elsa y Fred...
un abrazo

MARU dijo...

Pero a ella no le importa. Sigue teniendo sueños y por eso tira ésas dos moneda. Las podría emplear en otra cosa, pero...¿y si es verdad la leyenda? Sí, vamos a seguir soñando, aunque no seamos divas... es igual.
Chapeau!!!!

Me ha encantdo!
Besitos

Liwk dijo...

Gracias por sus comentarios.
Anita, Marcello y la fuente, que se convirtió (o que ya era, entonces) un personaje tan legendario como ellos, siempre encerrarán esa magia irresistible que, exista o no, nos hará tirar monedas una y otra vez.
Un beso a las cuatro.