
Detrás de cada puerta, vive un astronauta, un hombre acaudalado y un ectoplasma que ha vuelto a la vida.
Afuera siempre llueve. Las calles heredadas del descuido y la pretensión, se abandonan al olvido. Solas, sin una ánima que las habite, son el destino anticipado y desesperado del sueño.
Por las aceras, se escurre un susurro somnoliento. Es un inicio y es también un final. Una crónica sin título en una espera inconclusa.
Justo cuando los portones empiecen a abrirse y los sueños al fin comiencen a salir, dejará de llover en la avenida.
En esta lluvia, de nada sirve una sombrilla.
Más sueños y sus soñadores respectivos en el blog de Pépe.